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jueves, 6 de mayo de 2010

JORGE BUCAY


No hace demasiado tiempo, tuve el inmeso placer de conocer a Jorge Bucay, uno de mis escritores favoritos.
Jorge Bucay nació en Buenos aires en 1949.
Se graduó en medicina y se especializo en enfermedades mentales.
Recuerdo que Jorge, en uno de sus libros, cuenta una
Historia personal ocurrida en la Cínica de Santa Mónica con uno de sus pacientes:

Don marcos tenía alrededor de sesenta y cinco anos.
La familia lo había llevado allí con un diagnostico maniaco-depresivo.
La esposa me entrego el certificado del medico que indicaba el internamiento, mientras Don Marcos me miraba con una fabulosa y seductora sonrisa de abuelo de cuento.
El dialogo entre nosotros tal como lo recuerdo fue más o menos así:
-Bueno, Don Marcos, ¿Pasamos al consultorio y charlamos un rato?
-Si hijo.
Y me siguió hacia la puerta del despacho.
Nos sentamos.
-Don Marcos, dígame. ¿Porque le parece a usted que le han traído aqui?
-Mira hijo, lo que pasa es que mi esposa y mis hijos no me entienden.
Ellos creen que estoy chiflado.
-¿Y porque creen eso? ¿Que ha hecho usted?
-Resulta que un dia me encontré en el mercado a Dona Zulema, la vecina de enfrente.
En la cola me contó que se le había roto la radio y no tenia dinero para arreglarla.
Yo recordé que en casa había por lo menos dos.
¿Para que se necesitan dos radios? ¿Se pueden escuchar dos radios a la vez?...
Así que pedí a Dona Zulema que se pasara por casa y le regale una radio. !Me sentí fenomenal!
Entonces salí a la calle y empecé a preguntar a la gente si alguien necesitaba un jersey porque yo tenía por lo menos cinco.
Después, regale un traje que nunca usaba, unas pantuflas, varias corbatas, un poco de dinero...
Y cuando estaba a punto regalar mi reloj de pulsera a un muchachito que lo necesitaba, mi familia se enfado y no me dejo salir mas a la calle.
Llamaron al medico, que me vino a ver y ordeno que me trajeran aqui.
-¿Y usted sabe que es aqui?
-Si claro, hijo, !que te crees! ¿Que soy idiota? Es una clinica psiqiatrica.
-Bueno, Don Marcos, su medico me pide que lo internemos por unos dias, para estudiar si le esta pasando algo.
¿Que le parece la idea?
-Depende, ¿Se puede jugar al mus?
-Poder se puede, seguro, pero no se quien mas sabe jugar aqui.
-Bueno, entonces me quedo, y asi por lo menos, podre enseñar a jugar al mus.
-Bien, ¿Salimos entonces a despedir a su familia?
-Muy bien!
Salimos.
Al igual que antes, el me llevaba cojido del hombro, mientras empezaba a explicarme el juego del mus.
-Bueno, Don Marcos, despidase de su familia.
...Y de repente, como si el mundo hubiera cambiado de blanco a negro, la cara de Don Marcos se transformo.
Su sonrisa desapareció, su voz se quebró y rompió a llorar con desesperación mientras tocaba la cara de sus hijos y de su esposa y les repetía:
-Cuidaos, os voy a echar de menos, no dejéis de venir a visitarme, traed algún periódico, no se como voy a hacer sin vosotros...
Y no se cuanta anticipación de sufrimiento mas.
Marcos apoyo su cabeza en mi hombro sin poder parar de llorar.
Yo intervine para tratar evitar más dolor a todos:
-Señora, por favor, déjelo todo en mis manos. Váyase con sus hijos y llámeme si quiere dentro de un rato, para que yo le cuente si se ha tranquilizado. Pero ahora vayanse, y asi acompano a Don Marcos a su habitacion.
Cada miembro de la familia dio un beso a Don Marcos mientras este solo podía articular unas confusas palabras y yo trataba de disimular mis propias lágrimas.
Caminando hacia atrás, la familia llego a la puerta de salida y se fue.
Don marcos escucho el clic que hizo la puerta al cerrarse y separo su cabeza de mi hombro.
Observo la puerta, se seco las lágrimas con la maga de la camisa, me miro, sonrió y me pregunto:
-¿A que estuve bien?
Yo no entendía nada, no sabia nada y no podía ni hablar...
-¿Sabes que pasa, hijo? Hace una semana y media que me mandan a dormir y lloran mas de dos horas hablando sobre "como va a sufrir cuando lo internen".
Ellos esperaban que yo estuviera dolorido al separarme de ellos, incluso diría que les hacia ilusión.
¿Y mi que me costaba hacérselo creer?...


Cada vez que nos encontramos con alguien que contacta con las cosas de una manera distinta a la nuestra, a la tuya o a la mia, entonces decimos que esta loco...

Loco como Colon, como Galileo, como Copernico, como Jesús, y muy lejos de todos ellos, COMO YO!

Gracias Jorge por compartir tus historias.

6 comentarios:

Graciela dijo...

jajaja me encantó la historia
Mi psiquatra dice siempre, en referencia a las personas internadas en el Hospital Psiquíatrico de mi ciudad, muchos de los que están fuera deberían estar ahí y los que están ahí deberían estar fuera.

Claro que sí, parece que uno debe ser standar: hacer, decir, comportarse como los demás, de otra manera eres un loc@.

Besos :)

Betzabe dijo...

Me encanta Jorge Bucay, tengo algunos cuentosde el en mi blog ahhh tambien tengo la barra espaciadora con problemas gracias al pichon de informatico que le ha dado por querer sacar las teclas uff

Gracias por pasar por el blog

Luna. dijo...

Ricard!! Esplendido!!! ¡Me ha gustado pero que mucho, ja, ja,! Les está muy bien empleado a la familia, debió alucinar el doctor!!! De loco no tenia nada el hombre!
Opino lo mismo que Graciela, y he conozco los psiquiátricos en sus dos vertientes, como paciente y como empleada.
Los hay mas fuera que dentro!!!
Un abrazo!
En casa tenemos muchos libros de Jorge Bucay.

antonio dijo...

Las historias de Jorge Bucay siempre dan para reflexionar y esto las hace interesantes.

Saludos afectuosos!

Mabel dijo...

Richard, haciendo camino visitando distintos blog, he llegado hasta aquí por nuestra amiga en común Luna, y Oh sorpresa! J.Bucay en la entrada, yo soy argentina y disfruté mucho tiempo a Bucay en la televisión, es maravilloso, como todas sus obras.
Me encanta tu blog, pensamos igual en muchas cosas, tienes un espacio hermosísimo, me gusta como escribes y si me permites me quedaré como seguidora.
Un abrazo

Amelia dijo...

Ricard encontré esta entrada tuya divina. Me encanta JOrge Bucay, hace tiempo leí una historia contada por un anciano con su nieto y se me puso tal nudo en la garganta que me enamoró como tiene la mágia de penetrar en nuestro alma este escritor.

Un besazo, amelia.

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