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sábado, 23 de enero de 2010

CUENTO PARA CALDEAR EL INVIERNO


Dos hombres gravemente enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.
Ambos debían permanecer en cama, pero uno de ellos tenía autorización para incorporarse, durante una hora, cada tarde, mientras su compañero de infortunio tenía que permanecer acostado.
Puesto que la cama del primer hombre estaba situada junto a la ventana, aprovechaba el tiempo en el que podía sentarse a para mirar fuera y describir a su amigo todo lo que ocurría en el exterior.
La habitación daba a un parque con un magnifico lago.
Los patos y cisnes jugaban en el agua mientras los niños hacían navegar sus barcos de juguete. Los jóvenes enamorados caminaban del brazo. Todo era hermoso y bucólico. Durante una hora, el hombre sentado se lo describía todo a su compañero, con muchos detalles.
Aquel momento embellecía la jornada. Ambos hombres lo aprovechaban para contarse sus recuerdos, hablar de sus hijos y de la familia…mientras ambos olvidaban su enfermedad y aquello endulzaba un poco su desgracia.
Con el paso de las semanas, aquella cita de media tarde se convirtió en una especie de recompensa que alegraba su vida cotidiana.
La vida transcurría así, pero cierta mañana, la enfermera entro en la habitación y descubrió que el hombre que estaba junto a la ventana había fallecido en su sueño.
Entristecida, hizo que la ayudaran a trasladar el cuerpo, ante los ojos de su vecino que lloró la desaparición de su amigo.
Cuando sintió que era el momento adecuado, solicitó si podían colocarle en la cama junto a la ventana. La enfermera se sintió feliz al complacerle y, tras haberse asegurado de que estaba confortablemente instalado, le dejó solo.
Lentamente, se incorporó sobre un codo para poder echar una ojeada al exterior. Tendría por fin la alegría de ver por si mismo todo lo que su compañero había sabido describirle tan bien…. ¡Pero sólo vio una pared!
¿Por qué su desaparecido compañero le había descrito tantas maravillas si no había nada?, le preguntó a la enfermera.
“Sin duda para darle valor, respondió ésta sonriendo, pues tal vez usted no lo supiera, pero era ciego”.

(A pesar de las propias preocupaciones, produce una inmensa felicidad hacer gozar a los demás.
La pena compartida divide por dos el dolor, y cuando la alegría es compartida es doble).


6 comentarios:

antonio dijo...

Bonita historia Ricard!,aveces la solidaridad no cuesta nada y es un gran valor.
Saludos!

Graciela dijo...

Encantador, las enfermedades pueden sobrellevarse de otra manera, si tenemos otros ojos que nos pinten un bello paisaje.

En mi trabajo en la salud, aprendí que el enfermo necesita que le charlen, le escuchen, es primordial para salir adelante más allá de la medicina.

Buen domingo y besos!!!

Graciela dijo...

Aviso que te copio jajaja

Chauuu Ricard!!!

Luna. dijo...

¡Es precioso! Muy bonito el relato, sin duda uno de los mejores que he leído. Me ha gustado mucho y ademas es totalmente cierto que ayudar a los demás ta da una satisfacción que es difícil de conseguir con otras cosas. A veces,dentro de tu desgracia, puedes ayudar a otros a sobrellevar la suya.
Un saludo!

sentimientos dijo...

Sabes Ricard en mi vida he ayudado a muchas personas sientes algo especial una satisfacción que te llena, ahora desgraciadamente me toca ayudame a mi misma y recobrar la persona que he sido, gracias por la historia es muy bonita

Anónimo dijo...

después de lo que acabo de pasar creo que es una verdad muy grande! tanto lo de las penas como lo de las alegrías, ya q si no se pueden compartir no tienen sentido! un beso.noelia

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