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jueves, 3 de septiembre de 2009

EL PEAJE DEL PLACER

El cansancio, consecuencia de toda la semana recorriendo el país, es inevitable y apareció cuando nos dirigimos a la última de las ciudades de nuestro recorrido.
Son las 9 de la mañana. Hoy nos decidimos a visitar Brujas, una de las más bellas ciudades de Bélgica.
Hay que apresurarse a tomar el primer tren que nos lleve a Brujas para poder aprovechar al máximo todo el día que tenemos por delante.
Nos encontramos en el andén de la vía 4 de la estación de ferrocarril de Bruselas y, a lo lejos, divisamos que nuestro tren se va aproximando.
Nuestra prioridad en estos momentos es poder encontrar unos asientos libres para poder pegar una cabezadita durante el trayecto y recuperar fuerzas para el largo día que nos espera. Los asientos son de grupos de cuatro y por suerte encontramos dos de ellos desocupados.
A nuestro lado se hallaban dos señores de edad avanzada, serios, callados, relajados…
Al otro lado del pasillo, justo enfrente de nosotros se ubicaban tres señoras de entre 55 - 60 años.
¡¡¡Dios mío!!!. Que viajecito nos dieron.
Parecían tres cotorras amaestradas. No dejaron de hablar ni un solo instante durante todo el trayecto. No puedo decir que su tono de voz fuera excesivamente alto pero se convirtió en un continuo martilleo, tanto para nuestros tímpanos, como para los del resto de los viajeros del vagón. Sólo se escuchaban ellas.
Al poco tiempo descubrimos que los dos hombres de nuestro lado eran los maridos de dos de ellas. Desde ese momento les compadecimos y comprendimos el motivo de porque habían tomado asiento al lado opuesto.
Por suerte, la visita a Brujas mereció la pena y, por supuesto, desde que descendimos del tren nos olvidamos por completo de esas tormentosas mujeres.
Después de recorrer la ciudad, navegar en una barca por los canales y disfrutar de los magníficos paisajes, a las 7 de la tarde decidimos regresar de nuevo a la estación para tomar de nuevo un tren que nos llevara a Bruselas donde teníamos nuestro alojamiento.
Un repaso al tablero de salidas: vía 8.
A los cinco minutos de espera en andén no podíamos dar crédito a nuestros ojos. ¡Las tres mujeres del dichoso viaje!
¡NO por favor!
Se acercaban hacia nosotros y se ponían a nuestro lado.
No lo podíamos creer.
Empezamos a correr hacia el otro extremo del andén ante el asombro de los demás pasajeros que allí aguardaban la llegada del tren.
El tren llegó y subimos en él. Iba abarrotado de gente aunque afortunadamente encontramos dos asientos junto a una de las puertas. Muchos de los pasajeros no lograron encontrar asiento y andaban de un lado para otro buscando algún hueco libre.
El tren arrancó y en un momento determinado pasaron por delante nuestro las tres mujeres buscando asientos y hablando continuamente entre ellas.
Nunca se cansan…pensé yo.
Por fin las perdimos de vista y respiramos compadeciéndonos de los que les tocase viajar junto a ellas.
Lo más increíble de todo es que en los asientos del otro lado del pasillo, opuestos a donde estábamos ubicados, se sentaron unos borrachos que animadísimos, empezaron a hablar y cantar en voz alta molestando a todos los ocupantes del vagón.
Además, justo delante nuestro estaba sentado un matrimonio joven que les reían las gracias y les animaban a cantar una típica (y ridícula) canción en alemán.
Fue en ese momento cuando nos acordamos de las tres mujeres que hablaban sin parar y que hubiéramos preferido compartir asiento con ellas antes que con los embriagados caballeros.
Por suerte, se bajaron en la primera estación para alivio de todos los pasajeros y, así, pudimos pegar una cabezadita antes de llegar a nuestro destino.
Estas anécdotas son las que permiten recordar momentos de la vida y momentos del pasado ya que, al fin y al cabo, lo que nos queda de la vida son los recuerdos y, por supuesto, las bellas vivencias.

“El hombre ha de valer tanto, que todas las circunstancias han de serle indiferentes”
(Ralph Waldo Emerson )

1 comentarios:

Claudia dijo...

brujas es una ciudad preciosa! me acuerdo que era la última parada de nuestro viaje por tierras de flandes que mi madre se olvidó de comprar coles en bruselas! mi abuela sabiend que íbamos a bruselas le encargo a mi madre coles para hacerlas (mi abuela sabe mucho de cocinar) total que no íbamos ya de brujas cuando corriendo tuvimos que buscar una fruteria para comprar coles.fuimos a la única que estaba abierta, pedimos 5 kl de coles y para nuestro asombro las colocaron en una bandeja con unos lazos que nada tienen que envidara los ramos deflores de las novias. fue una escena super graciosa y con esas coles en plan de lujo a coger el coche y en menos de 10 h estabamos en barna para que mi abuela las pudiera preparar para comer el día siguiente. por fin llegó domingo y toda la familia estaba reunida degustando las auténticas flores de bruselas, yo no las tenía todas conmigo pues pensé que realmente lo que nos dieron en esa "fruteria" eran lantas corrientes con forma de col. sea como fuere a todos les pareció riquísima la comida y mi prima y yo aun disfrutamos más cuando nos dieron macarones.

un beso y fliz fin de semana (que ya se termina) yo aun sigo en cama con mi hernia de nervio ciatico... espero estar muy muy pronto buena !

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